29-06-2023

Muy interesante publicación del BID

Nuevos horizontes de transformación productiva en la Región Andina”.


Nuevos horizontes de transformación productiva en la Región Andina”.


Los países andinos pueden aprovechar una serie de oportunidades para su transformación productiva y hacer frente a eventos globales que están impactando sus procesos de producción. La apuesta en sectores como la agricultura, encadenamientos productivos, servicios e industrias extractivas tiene el potencial de contribuir a la diversificación de las economías de Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia y Venezuela.

Compartimos el prólogo de la publicación escrito por TOMÁS BERMÚDEZ Gerente General Departamento de País del Grupo Andino 

La  Región  Andina  se  encuentra  en  un  momento  en  el  que  la  toma  acertada  de  decisiones  se torna indispensable. Luego del Acuerdo de París, el mundo ha puesto en marcha una agenda de descarbonización; es posible que existan desafíos en su implementación, pero el mundo ha decidido avanzar en esta dirección.  La región se enfrenta a grandes retos, pero también a muchas oportunidades.

Las materias primas relacionadas con combustibles fósiles representan un cuarto de las exportaciones de la región y contribuyen en más de 10% a los ingresos fiscales.

La región tiene todavía un potencial no desarrollado en cobre, litio y otros materiales; minerales necesarios para esta transición, que hoy en día representan un 20% de las exportaciones.

A esta realidad, se suman las consecuencias de la pandemia. Más allá de los altos costos en términos de  pérdidas  de  vida  humana  y  de  actividad  económica,  la  pandemia  ha  traído  también  impactos estructurales.

En particular, la pandemia ha significado una puntada de inflexión para la digitalización y la automatización, al punto que en pocos meses se ha adoptado un nivel de tecnología digital acelerado que en condiciones prepandémicas habría tomado varios años.

Adicionalmente, la pandemia significó una disrupción importante en las cadenas logísticas a nivel mundial, lo cual ha llevado a la necesidad de un reposicionamiento de estas.

Finalmente, el sector servicios se vio particularmente afectado por la pandemia y algunos de estos efectos van a continuar en el largo plazo.

Este sector es el mayor empleador de la región y, por lo tanto, estos choques tienen impactos sociales significativos. Todos estos desafíos llegan en un momento particular para la región.

Luego de crecer a un promedio del 4,2% entre los años 2000 y 2014, el crecimiento de la región se ha desacelerado.Este crecimiento de principios de siglo fue crucial: la región pasó de ser una región donde el 58% de la población vivía en condiciones de pobreza a convertirse en una región donde el 72% de la población es de clase media.

La perspectiva de crecimiento de largo plazo para la región es del 2,9%. Este crecimiento no será suficiente para  mejorar  las  condiciones  de  vida  de  la  población,  sobre  todo  en  un  contexto  donde,  a  raíz  del surgimiento de esta nueva clase media, el Estado registra nuevas demandas y necesidades sociales que no va a lograr satisfacer. Aun antes de la pandemia, se observaron movimientos sociales importantes en la región, que es necesario abordar, y que se han exacerbado con la realidad actual pos-COVID.

No  es  la  primera  vez  en  la  historia  de  nuestra  región  que  se  destaca  la  importancia  de  la transformación productiva. Es un tema recurrente en el debate político de la región. Sin embargo, podría decirse que el origen de este debate proviene principalmente de la “abundancia” en la región de bienes primarios y el deseo de contar con una estructura productiva más diversificada y de evitar los vaivenes del mercado de estos bienes.

Esta vez, el debate viene impuesto por cambios tecnológicos externos que están afectando, y seguirán haciéndolo, a los productos que vende la región. Por lo tanto, la transformación pasa a ser una necesidad. En el pasado, la región no ha sido ajena a choques derivados de cambios tecnológicos externos, por ejemplo: la crisis del guano, la del caucho y más de una crisis del café.

Un elemento común de esas crisis fue la falta de anticipación y las importantes consecuencias económicas y sociales generadas por ellas. No obstante, hay que resaltar que la crisis del café de finales del siglo pasado fue manejada de forma distinta en Colombia y se produjeron cambios estructurales importantes, gracias a un esfuerzo de coordinación, lo que indica la importancia de anticipar estas transiciones y no solo pensar en ellas cuando se está en medio de una crisis.

Como se recalcara anteriormente, se abren oportunidades para América Latina. Lamentablemente, la región también ha experimentado periodos de bonanzas mal administrados como, por ejemplo, las diversas crisis de deuda ocurridas luego de estas etapas de prosperidad.

Por  todo  ello,  resulta  fundamental  plantearse  cómo  encarar  este  cambio  estructural  que  está ocurriendo en el mundo y su impacto en la región. Aunque algunos de los cambios ocurrieron de manera imprevisible, en particular los derivados de la pandemia, una ventaja es que se trata de una transición anunciada. Por lo tanto, la región puede planificar cómo abordarla.

Este trabajo del Departamento del Grupo Andino del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) busca aportar ideas para esta reflexión. Esta publicación no pretende ser un tratado exhaustivo de cómo afrontar la transición. Desde el BID hemos  venido  haciendo  algunas  recomendaciones  sobre  decisiones  de  política  que  deben  tomarse ante este contexto, así como sobre los compromisos adquiridos por los países. Adicionalmente, algunos laboratorios de ideas ( think  tanks ) de la región también han venido planteando propuestas sobre esta transición. Por ende, lo que buscamos con este trabajo es complementar dichos planteamientos.

La presente publicación analiza aquellos sectores que pueden verse beneficiados o afectados por esta transición: agricultura, encadenamientos productivos, servicios e industrias extractivas. El estudio busca hacer una propuesta para generar oportunidades en estos sectores. Asimismo, el trabajo aborda la realidad de la digitalización y cómo se pueden aprovechar sus beneficios en la región.

Para concluir, una agenda de transición productiva es una agenda de empleo. Sin embargo, es importante que sea un empleo inclusivo; por ello, los temas de inclusión forman parte esencial de esta investigación. Con esto se complementa el reciente estudio del Departamento sobre las acciones en temas transversales (como infraestructura, regulación, entre otros) que deben tomarse en consideración en la región para alcanzar un mayor crecimiento.

Esperamos que esta sea una fuente de diálogos sobre la transición productiva que complementen la acción del Banco para asistir y colaborar con nuestros países miembros para lograr el objetivo común.

 

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